El aspecto más significativo de la conferencia
de este año fue que no se le dio la menor importancia a los asuntos palestinos.
El tono de la conferencia de este año muestra
la realidad política de un mundo árabe dividido; de una comunidad de Estados
árabes que carece de seguridad en sí misma para actuar colectivamente sobre sus
propios intereses y de su terrible incapacidad para enfrentarse a Irán o al
terrorismo islámico, que amenazan la propia existencia de sus regímenes.
La Liga Árabe cerró el 28 de julio su 27ª
cumbre anual, que ha tenido lugar en Nuakchot (Mauritania). Las sesiones
pusieron de manifiesto las profundas divisiones que existen en el mundo árabe,
la menguante influencia del bloque en los asuntos regionales y la cada vez
menor importancia de los asuntos palestinos en Oriente Medio.
Al parecer, no se logró ningún progreso en lo
relacionado con la propuesta saudí del año pasado de crear una fuerza
multinacional íntegramente árabe para responder a las agresivas políticas de
Irán en el Yemen, Irak y Siria. Tampoco parece que se avanzara en el desarrollo
de una agenda antiterrorista unificada. El aumento de la presencia del Estado
Islámico en Libia y otras partes del norte de África ha sido obviamente un
factor primordial en la necesidad percibida de una política antiterrorista
común.
El descenso radical de la influencia política
de la Liga Árabe quedó simbólicamente expuesto en el hecho de que muchos
líderes fundamentales no acudieran a la cumbre. Los líderes de Egipto, Arabia
Saudí, Jordania y Túnez no asistieron. La Liga Árabe tiene 22 miembros, pero a
Nuackchot sólo acudieron ocho mandatarios.
Sea como fuere, el aspecto más significativo
de la conferencia de este año fue que no se le dio la menor importancia a los
asuntos palestinos. Tal vez por eso fue que el presidente de la Autoridad
Palestina (AP), Mahmud Abás, decidió no acudir. El ministro de Exteriores de la
AP, Riyad al Maliki, explicó que Abás no pudo asistir a causa de la reciente
muerte de su hermano. Posteriormente, Maliki pidió a la Liga Árabe, de manera
un poco quijotesca, que ayudara a patrocinar una resolución en la ONU para
iniciar una demanda judicial contra el Reino Unido por haber adoptado la
Declaración Balfour (1917), que oficializó la política de Londres de apoyar la
creación de un hogar nacional para el pueblo judío.
Sin embargo, cuando el representante del
Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) hostigó a los delegados
diciéndoles que ya no parecían tratar al deprimido pueblo palestino como la
cuestión prioritaria que debería unir a todos los árabes, sus ruegos parecieron
caer en saco roto. El FPLP ofreció la prueba pública de la caída de la cuestión
palestina de la lista de prioridades declarando en su web:
Las resoluciones de este año no son más que un
calco de las de las cumbres árabes celebradas en años anteriores. También
refleja la situación de la Liga Árabe, que hace tiempo que perdió la confianza
de los pueblos árabes.
Hamás expresó con amargura una frustración
similar diciendo que la cumbre ha reflejado «la situación de declive que
están sufriendo los árabes, incluso a nivel oficial».
Irónicamente, el único comentarista que juzgó
que la cuestión palestina seguía siendo fundamental en el imaginario árabe fue
el cónsul general francés en Jerusalén, Herv Magro, que dijo que el conflicto
israelo-palestino es «el asunto central en Oriente Medio».
Los Estados árabes e islámicos siempre han
hablado de boquilla de la cuestión palestina y la «ocupación» israelí
de territorio árabe. Sin embargo, por el contenido de lo debatido en Nuakchot,
parece obvio que los asuntos palestinos y el llamado proceso de paz
árabe-israelí ya no son la principal preocupación de los Estados árabes. Sin
duda, en la reunión de este año hubo pocas pruebas de que Palestina fuese la
principal preocupación de cualquier delegado, excepto del del FPLP.
El tono de la conferencia de este año muestra
la realidad política de un mundo árabe dividido; de una comunidad de Estados
árabes que carece de seguridad en sí misma para actuar colectivamente sobre sus
propios intereses y de su terrible incapacidad para enfrentarse a Irán o al
terrorismo islámico, que amenazan la propia existencia de sus regímenes.
Lawrence A. Franklin: Coronel retirado de la
Fuerza Aérea estadounidense y antiguo agregado militar en la embajada de
Estados Unidos en Israel. Ex-analista político-militar de la Junta del Estado
Mayor.
A propósito de la muy reveladora cumbre de la Liga Árabe
30/Ago/2016
Gatestone Institute, por Lawrence A. Franklin